José Saga - Educación Emocional .

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Todos deseamos lo mismo; Ser Felices.

 

Sin embargo rara vez lo conseguimos,la mayor parte del tiempo nuestra vida está llena de preocupaciones y sufrimiento emocional. 

A la mente no le interesa nuestra felicidad, el objetivo principal de la mente es conseguir nuestra SUPERVIVENCIA.

 

Los mecanismos con los que cuenta para ello llenan nuestra vida de emociones negativas que nos impiden ser felices:

Las experiencias vividas se van registrando en la memoria y  poniendo en relación a los circuitos básicos del Placer y el Miedo. De esta forma, vamos aprendiendo y repitiendo los comportamientos más adecuados para la supervivencia, creando así nuestra zona de confort.

 

Con el paso del tiempo deja de llamarnos la atención todo lo bueno que nos rodea, ya que la mente considera que no vale la pena malgastar energía en centrar nuestra atención en algo que ya se ha demostrado que no es peligroso.

 

De esta forma vamos perdiendo la curiosidad y la ilusión propias de la juventud.

Para conseguir la supervivencia física, la mente lo juzga todo en términos absolutos.

 

Catalogamos las situaciones como agradables o desagradables, las personas de buenas o malas, los objetos como bellos o feos, etc. 

Todo lo ponemos en relación con nuestras experiencias pasadas y nuestras creencias para clarificarlo y, a partir de ahí, aceptarlo o rechazarlo.

 

Cada vez que mentalmente RECHAZAMOS algo, surge una emoción negativa; ira, miedo, tristeza, etc.

Cuando mantenemos de forma prolongada ese rechazo surge la Ansiedad o la Depresión.

A pesar de no ser su función, también utilizamos la mente para tratar de cubrir nuestras necesidades afectivas.

 

La mente registra todo lo que nuestro entorno (familia, pareja, amigos y sociedad en general) nos demanda para ser ACEPTADOS.

 

Perdemos nuestra naturalidad aparentando ser lo que no somos, sacrificamos nuestra vida, arriesgamos nuestra salud, e incluso mantenemos relaciones tóxicas, por tal de sentirnos aceptados, valorados y queridos.

Nos llenamos la cabeza con montones de  «tendría que» y «debería de» con los que nos autocriticamos y sufrimos.

A diferencia de otros animales, la mente humana ha desarrollado la capacidad de imaginar y anticiparse al futuro, mejorando así nuestras posibilidades de supervivencia.

 

Sin embargo, esta habilidad tiene un elevado coste emocional. Cuando no estamos haciendo ningún pensamiento voluntario y consciente, la mente se dedica a viajar en el tiempo y recrear posibles situaciones futuras o rememorar momentos pasados.  

 

Pero la mente no distingue entre realidad y ficción, no distingue entre pasado, presente y futuro. 

Cada vez que mentalmente recreamos situaciones que consideramos peligrosas o desagradables surge el rechazo, la emoción negativa y el sufrimiento.